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  Battlefield: Bad Company
 

 

Battlefield: Bad Company
Género: Acción táctica
Fecha de salida: 27-06-2008
Plataforma: PS3
Desarrolla: Digital Illusions
Productora: Electronic Arts
Distribuye: Electronic Arts
Manual: Castellano
Idioma: Castellano
Voces: Castellano
Soporte: Blue-Ray
Multijugador: Si
Recomendado: 16+
Precio: 59,95€
Web oficial: Disponible
 

 

Publicado 21/7/08 - 01:54 
Tipo de artículo: Análisis
Sistema: PS3
 

 

Tras erigirse como uno de los grandes bastiones del juego online en PC, la franquicia Battlefield llega con una entrega exclusiva de consolas de lo más atípica. Lejos de reciclar la fórmula para adaptarla a los pads, Bad Company llega con la intención de darle una vuelta de tuerca a los shooters de guerra. Call of Duty, échate a temblar.


Buscándole las cosquillas a la acción bélica

Bienvenido a la Bad Company, novato. Aquí no hay héroes ni glamour, sólo una cuadrilla de inútiles que sólo sirven como carne de cañón. Tú y tus holgazanes compañeros estáis aquí porque no hay nada más bajo en el ejército. Podéis dar las gracias de que os permitan morir por el tío Sam en vez de dejar que os pudráis en una celda apestada de cucarachas.

Vuestro trabajo es sencillo: vais a hacer el trabajo sucio que nadie más quiere hacer. Pero no pongáis esa cara, dicen que todos los tontos tienen suerte y es posible que no hayáis hecho todo este viaje sólo para que os vuele la cabeza el francotirador más torpe del enemigo. Incluso en las situaciones más negras hay buenas oportunidades para los que saben aprovecharlas.


El lado más cómico de la guerra

Mientras que otros shooters bélicos se empeñan en ensalzar valores de heroísmo y valor, Battlefield: Bad Company sitúa al jugador en el escuadrón más cutre del que se tiene memoria. Estos cuatro granujas comenzarán su andadura llevando a cabo esas misiones en las que el ejército no quiere desperdiciar soldados valiosos. Su triste situación dará un vuelco cuando descubren que el enemigo ha contratado un ejército de mercenarios que cobran en oro. De pronto, se encuentran con una razón para luchar más interesante que las condecoraciones o la gratitud de la nación: esos relucientes lingotes dorados.

Por primera vez en la historia de Battlefield se ha intentado potenciar el modo para un jugador, que en las entregas para PC tenía una presencia nula. Si bien el multijugador continúa siendo el principal pilar, nos encontramos con un modo campaña realmente bueno.

La historia de Bad Company no podía ser más sencilla: cuatro militares sin salida luchan por codicia mientras esperan la oportunidad de escaquearse del lío en cuanto antes. Es en la calidad del guión, sobre todo en los simpáticos diálogos, donde sobresale. Los personajes son muy carismáticos, no se limitan a soltar la bufonada de turno y a hacer que el jugador suelte una carcajada de vez en cuando, tienen más trasfondo del que parece en un principio y, a la larga, se consigue crear un sentimiento de compadreo muy especial. Es aquí donde la inspiración en la película Doce del Patíbulo se hace más que evidente, dando como resultando una de las tramas más divertidas que hemos podido ver este año, dentro o fuera del género de los shooters.


Reventando el género

Después de más de 30 años resulta difícil inventar la rueda en este mundillo. Por eso, delirios tipo LocoRoco aparte, los nuevos videojuegos centran sus esfuerzos en buscar algún factor diferenciador dentro de un género ya establecido. Con la introducción de un potente motor de destrucciones, la gente de DICE ha conseguido crear un shooter bélico que le da un giro completo a la dinámica habitual de disparar y esconderse. En Battlefield: Bad Company es que no existe la posibilidad de atrincherarse dentro de una casa y acribillar a los enemigos cómodamente desde alguna ventana. En menos que canta un gallo, el bastardo de turno puede coger un lanzamisiles y volar por los aires las cuatro paredes de tu improvisado fortín. Del mismo modo, el jugador puede lanzarse con toda su artillería pesada sobre un refugio enemigo para dejarlo reducido a cenizas. Nos encontramos, por lo tanto, con que la destrucción del escenario sirve como un elemento estratégico más, uno que apenas ha intentado llevarse a la práctica hasta ahora. Esta novedad que tan sencilla puede parecer le confiere a Bad Company una frescura de la que carecen otros shooters en primera persona, con un abanico de posibilidades inéditas hasta el momento.

El resto de la fórmula le será familiar a los veteranos de Battlefield: escenarios enormes plagados de enemigos donde la conducción de vehículos juega un papel muy importante. Al contrario que su gran competidor, Call of Duty 4, en Bad Company no nos encontramos con enfrentamientos scriptados (planificados de antemano) al milímetro. La libertad de acción es mucho mayor, como también lo son los escenarios, permitiendo distintas maneras de afrontar los objetivos. Como es lógico, a cambio se pierde la espectacular puesta en escena del título de Infinity Ward, pero difícilmente se pueden tener las dos cosas.

Tampoco nos encontramos en esta ocasión con el acostumbrado respawn, áreas donde hay una generación infinita de enemigos. Una vez limpiada una zona, limpia se queda. Al hilo de esto se ha tomado la discutible decisión de mantener a los enemigos muertos aunque el jugador sea abatido y tenga que reiniciar a partir del último checkpoint. Esto significa que no hay ninguna penalización por morir, al reaparecer de una muerte hay vía libre, a no ser que haya quedado algún enemigo vivo por el camino. Es de suponer que se ha hecho para agilizar el juego y facilitarle las cosas a los más torpes, pero así se desaprovecha el sistema de curación, que es bastante más interesante que la habitual y absurda curación automática. Aquí hay que vigilar los puntos de vida y, cuando bajan a un punto crítico, inyectarse suero. Por supuesto, la inyección sí se recarga sola al cabo de unos segundos, pero al ser un proceso manual se pierde la sensación de ser Superman.

No es el único aspecto polémico. Con el objetivo de aumentar el realismo (recordemos que no estamos al mando de un escuadrón de élite precisamente) se ha introducido un factor de imprecisión en el apuntado. No es que a los soldados de la compañía les tiemble el pulso, pero resulta difícil acertarles a los enemigos que están relativamente lejos. Es posible adaptarse a esta particularidad y aprender qué distancias son las mejores para cada situación y arma, pero algunos jugadores podrían sentirse decepcionados al ver que no todos sus disparos dan justo donde están apuntando.

Con sus defectillos, el juego sigue siendo uno de los shooters más convincentes de esta generación. La sensación Battlefield está intacta y, exceptuando los seguidores más conservadores, la mayoría de amantes de la franquicia se sentirán como en casa.


Gráficos sólidos, paredes volátiles

A pesar de las exigencias del motor de destrucciones, Bad Company se las arregla para ofrecer un aspecto visual al que no se le pueden poner muchas pegas, aunque comparado con otros lanzamientos no resulte demasiado sorprendente.

Más importante que la fachada gráfica es lo solvente que el motor se muestra en todo momento, con una solidez de framerate muy destacable. Es en las explosiones donde el trabajo de DICE brilla con más intensidad. Los cascotes de hormigón y los ladrillos salen volando con una física creíble y los árboles de los frondosos exteriores boscosos se desploman con gran naturalidad. La fluidez de la acción se mantiene constante incluso ante el festival de partículas más espectacular, toda una delicia para los amantes de las demoliciones más bestias.

Más criticable resulta la repetición de los elementos en pantalla. Nuevamente nos encontramos ante enemigos totalmente clónicos y todas las casas están diseñadas por el mismo arquitecto. Hay otros detalles que también se podrían haber pulido más, como la nula interactividad con el agua (muy bonita, eso sí) o la brusca desaparición de los agujeros de bala de las paredes, pero no es nada que empañe demasiado el conjunto.

Algo que no gustará a todos es la utilización de un filtro visual que simula grano cinematográfico, un recurso muy habitual en títulos de survival horror como Silent Hill o Forbidden Siren, pero prácticamente inaudito en shooters en primera persona. Este efecto está utilizado con mesura y no llega a hacerse molesto en ningún momento, de hecho dota a la imagen de una plasticidad muy atractiva que algunos jugadores sabrán apreciar.

Por lo demás, no esperéis encontrar más defectos que algún momento donde el v-sync petardea un poco. Buenas texturas y buenos modelados para un juego que, visualmente, no deslumbra pero sí convence.


Sonidos de destrucción

El apartado sonoro ha recibido un cuidado parejo al del motor gráfico. DICE ha diseñado un nuevo software de gestión de audio que equivale a lo que supuso el HDR para la iluminación, y el resultado es espectacular. Todas las explosiones y disparos tienen una calidad sonora altísima, con una espectacular pista DTS al alcance de sólo unos pocos proyectos.

No se ha reparado en gastos a la hora de introducir un montón de filtros en tiempo real que contribuyen enormemente a la inmersión. Por ejemplo, al entrar en un recinto cerrado, las voces se oyen con eco y los disparos del exterior se escuchan amortiguados.

La música también se encuentra a un nivel sobresaliente, con composiciones orquestales espectaculares con algunos momentos que recuerdan al gran Ennio Morricone. Imposible equivocarse. Su implantación en la acción es ejemplar, dándole a cada situación la emotividad requerida. Sin duda, Bad Company es una de esas experiencias auditivas capaces de desterrar los remordimientos de haberse gastado un pastón en un equipo de sonido a la altura.


Online de oro

Puede que este Battlefield sea el que más importancia le de al modo campaña, pero eso no significa que el multijugador se haya visto relegado a un segundo plano, aunque sí se ha visto adaptado al entorno consolero. Lo primero que observarán los veteranos de la franquicia es que las batallas masivas de PC se han reducido a partidas para 24 jugadores, más digeribles para el jugador ocasional. Los escenarios también han perdido tamaño, aunque siguen siendo realmente grandes y llenos de posibilidades.

Hay cinco clases de personajes: asalto, francotirador, especialista, experto en demoliciones y hombre de apoyo, cada una con sus habilidades y objetos propios. Hasta el momento hay dos modos de juego, aunque está previsto que sean ampliados próximamente mediante descargas. Gold Rush es una carrera por la obtención de los preciados lingotes de oro, donde dos equipos de 12 luchan, unos por conservarlo y otros por robarlo. El modo Conquista, de descarga gratuita, no tiene demasiados secretos, es básicamente el clásico capturar la bandera adaptado al universo Battlefield.

No hay grandes innovaciones y los modos de juego disponibles pueden hacerse algo escasos al principio pero, una vez entrados en harina, lo cierto es que nos encontramos ante una de las mejores experiencias online para consola.

El punto negro del multijugador es que no se haya incluido la posibilidad de jugar el modo campaña en cooperativo. El compadreo de los personajes protagonistas y el guión de la trama ciertamente se prestan a un cooperativo más que interesante. Sólo se puede comprender la ausencia de esta modalidad por limitaciones técnicas o falta de tiempo.


Edición Española

En la línea de Electronic Arts, el juego llega a España completamente localizado al castellano. El doblaje es realmente bueno, con actores muy bien escogidos que han sabido encontrar la entonación correcta para mantener el tono satírico de los diálogos sin resultar cargantes. Entre la plantilla de dobladores se encuentra la voz española de Bender, que conserva aquí una entonación similar a la de su interpretación del personaje estrella de Futurama, lo que basta para hacerse una idea de la alta calidad del resultado global.


Conclusión

Sin ninguna duda, DICE ha conseguido con Bad Company su objetivo de crear un Battlefield para consolas con un buen equilibrio entre modo campaña y multijugador. Como en Call of Duty 4, nos encontramos ante una historia breve pero intensa, un defecto que se salva por un multijugador muy divertido y profundo. Salvando las inevitables similitudes, con un planteamiento que apuesta más por la libertad de acción y un humor que contrasta con el dramatismo de la franquicia de Activision, nos encontramos ante la némesis del shooter bélico de referencia.

Fuera de comparaciones, Battlefield: Bad Company es un shooter notable por méritos propios y, sobre todo, con mucha personalidad. Con su humor ácido y una muy aprovechada destrucción de escenarios, explota a placer dos elementos prácticamente inauditos en el género y nos recuerda que, a pesar de las mediocridades a las que estamos acostumbrados, en la acción en primera persona todavía no está todo dicho.


Lo mejor: Destrucción de escenarios, espectacular. Excelente guión con mucho humor negro y un doblaje a la altura. Modo online muy competente.

Lo peor: El modo campaña se hace corto. Un buen cooperativo habría sido la guinda.


Historia: 8
Gráficos: 7
Música/Sonido: 9
Jugabilidad: 8
Multijugador: 8
Edición Española: 9

 

 

Alternativas:






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